Si, tengo seis meses sin
escribir. Pero antes de apurarnos a hacer juicios, permítanme explicar que en
estos últimos seis meses he estado muy ocupada en el área de servicios y como
siempre que trabajas con otras personas, el aprendizaje más profundo es acerca
de nosotros mismos, por lo que entre una cosa y otra, no había hecho ninguna entrada.
Hoy, sin embargo, quiero
compartir con ustedes una historia de amor fantástica, no sólo porque se trata
de una pareja, conformada por lindas personas a las que quiero muchísimo y de
las cuales fui madrina de bodas, si no por la serie de hechos curiosos que los
han rodeado.
Siguiendo el cliché, El: europeo.
Ella: Latinoamericana. No haremos el comentario obvio de la distancia, seres
separados desde el nacimiento por kilómetros de agua y tierra. De pequeño, él
le preguntaba a su madre si alguien de su familia estaba en América. Ella
creció siendo tan especial y rara que le costaba relacionarse con los demás y
algunos hasta temían que se quedaría soltera. Y mira tú, en Latinoamérica
esperar por alguien especial es aceptable, pero quedarse soltera no. Estando en
sus veintes, ella una noche soñó que vestida de novia subía las escaleras de un
edificio y en cada piso encontraba al mismo hombre que le sonreía y le hacía
sentir que sin importar donde estuviese, él era su esposo y esperaría por ella.
Cuando el pasó por un traumático divorcio, aun sin conocerla la llamaba a voces
y ella escuchaba. Incluso, una noche mientras dormía, se levantó sobresaltada
por los gritos adoloridos de un hombre que la llamaba en la distancia.
El viajó al “nuevo continente”
varias veces y encontró muchas cosas, pero hizo falta el ¿AZAR? de una página de internet para encontrarla a
ella. Tan valientes que decidieron no mostrar fotos. Tan valientes que se
permitieron conocerse. Tan valientes que amaron sin ver. Tan valientes que
amaron de verdad. Y como siempre, el universo premia a los valientes y desde la
primera noche duermen en la fórmula perfecta del cóncavo y convexo. Que
sorpresa tan agradable se llevó ella, cuando vio, en primera persona y a full
color, aquel rostro que en sueños le había prometido encontrarla.
Felicidades para ellos y para
todas las parejas que como almas gemelas se unen en esa tierra y nos recuerdan
que el amor, como todo en la naturaleza, se abre paso.
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